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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los Desplazados, Los Olvidados por los políticos


Los desplazados de Mier han quedado en el olvido de los políticos. Pocos, poquísimos, han sido los funcionarios que han salido a dar la cara por los ciudadanos.

Felipe Calderón ni siquiera ha tocado el tema públicamente. Eugenio Hernández, gobernador de Tamaulipas, se limitó a enviar un representante al albergue. El alcalde de Mier, Iván Mancias, aseguró en televisión nacional que han sido "hechos aislados."

El éxodo de Ciudad Mier se ha convertido en una "papa caliente" que ningún "servidor público" de cualquiera de los 3 niveles de gobierno, ha querido cargar. Sólo un funcionario, el alcalde de Miguel Alemán, se ha hecho responsable de ofrecer un apoyo real, sincero y honesto a los desplazados. Los demás anteponen el costo político a la solidaridad genuina.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

Ciudad Mier: Éxodo, desplazados, cenizas y guerra


Quien no crea que verdaderamente esto es una guerra debería darse una vuelta por Mier, Tamaulipas, en estos días. No le quedarán dudas. La llamada "Atenas de Tamaulipas" se ha vuelto un pueblo fantasma. Sus habitantes han iniciado un éxodo con lo poco que les queda.

La bella arquitectura decimonónica del poblado, que relata en silencio la historia de Tamaulipas, está hoy carcomida por las balas. Obeliscos, casonas y plazuelas en las que no será extraño encontrar vestigios de metralla.

Y es que Mier se volvió epicentro en la disputa fratricida que por el territorio mantienen Cártel del Golfo y Zetas en la llamada frontera chica, temperamental región que va de Reynosa a Nuevo Laredo y que se ha ido peleando calle por calle. Los del Golfo han logrado recuperar la ciudad de Miguel Alemán y en los últimos meses han centrado su lucha en Mier y Guerrero, bastiones que los Zetas defienden a sangre y fuego. Es la antesala a Nuevo Laredo, la joya de la corona entre los cruces internacionales del país.

Es así como Mier, pueblo mágico, antiguo, nostálgico, de gente de trabajo humilde, se ha vuelto el botín de las bandas del crimen organizado que mueven miles de millones de dólares en su negocio.

Por eso en las calles de Mier se ven cenizas. Vestigios de combates pasados. Restos carbonizados de camionetas de modelo reciente que ya forman parte del paisaje. En algún enfrentamiento fueron alcanzadas por las granadas, incendiadas, y dejadas a asar. Nadie se preocupó por quitarlas o limpiar. Ahí van quedando. Como cascajo. Desechables, como todo en la guerra.


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